Lo primero comentar que el pimiento, así, como suena, es un alimento que llegó a Europa desde América Originario de Bolivia y Perú, lo trajo Colón en su primer viaje y en el siglo XVI ya estaba presente en la mayoría de los territorios del globo. Como hortaliza, es el fruto del Capsicum annuum y está emparentado con otros buenos amigos de la buena mesa. A saber, de los tomates, las patatas y las berenjenas, por ejemplo.
Sabéis que me fascinan los orígenes de la recetas, técnicas e ingredientes. Cómo no maravillarme al leer que con nuestro amigo el pimiento, además de que su sabor original era muy picante, secado y molido, en calidad de especia, fue uno de sus primeros usos alimenticios. Eso va a venir muy bien con lo que os quiero contar de los pimientos choriceros.
Otra curiosidad es que existiendo numerosas variedades de pimientos, se los suele clasificar en dos grupos en función de su sabor: los dulces y los picantes. De los picantes, si queréis, hablamos otro día. En el lado de los dulces es donde encontramos, por ejemplo, al pimiento dulce italiano, al pimiento morrón, a la ñora o al pimiento choricero, entre otros.
Nutricionalmente, otro de los aspectos que me encanta saber de los alimentos, los pimientos no son muy energéticos. Nada que ver con las amigas algarrobas. Bajos en colesterol, en grasas e incluso en proteínas, sí que son interesantes por sus vitaminas y minerales.
No os aburriré mucho, solo comentar que son fuente de sustancias antioxidantes y con más vitamina C que las naranjas. Ahora sí, el pimiento choricero es una variedad del pimiento rojo, es dulce, se deja secar al sol y en la cocina se emplea solo la pulpa hidratada.
Nota: la foto de la ñora es cortesía del chef Javier Pérez Villanueva.
Cita del día: El mejor banquete del mundo no merece ser degustado a menos que se tenga a alguien para compartirlo (Groucho Marx)




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