Hoy os quiero hablar de un alimento muy mediterráneo: la algarroba. Tuve la oportunidad de reencontrarme con el fruto del algarrobo de nombre científico Ceratonia siliqua hace unos meses. Viajé a la comarca de Los Serranos en la provincia de Valencia. En un segundo post comentaré acerca del árbol y de las semillas, así hoy me centro en el fruto.
El fruto del algarrobo es la algarroba o garrofa. Suele recogerse a finales del verano. Es una vaina de color marrón chocolate (he escogido a propósito este adjetivo) de 10 y 15 cm de longitud.
A su aspecto un poco tosco, las vainas son algo duras, se une el que algunas de ellas se curvan al madurar. Ya así desprenden un olor característico, no os digo sin las partís. Semeja al regaliz o al propio cacao. Si las probáis tal cual notaréis un sabor dulce delicado ya que tienen un alto contenido en azúcares.
¿Qué podemos hacer con un puñado de algarrobas? Bueno, lo primero será separar las semillas del fruto. Una sugerencia es tener las algarrobas (tras haberlas limpiado) a remojo durante unas horas. Eso facilita poder abrirlas y extraer las semillas. Con un poco de pericia y un cuchillo (mejor de punta roma) no es difícil. También opté por un mortero de cocina con golpes suaves para no machacar las semillas, recordad. Con las vainas despepitadas hay varias opciones.
En mi caso, las he molido y he obtenido una harina cruda de algarrobas (llamada raw). Otra opción muy empleada es tostar las vainas al horno y luego molerlas. El resultado así será una harina con un olor y un sabor muy similar al cacao.
De hecho, la algarroba está teniendo desde hace unos años un nuevo despertar culinario precisamente por esa cualidad. Me refiero a que en España fue un alimento de subsistencia para muchas familias tras la Guerra Civil a falta de algo mejor que echarse a la boca. De comida de necesidad a los fogones de restaurantes de postín, las vueltas que da la vida.
Permitidme que os hable de sus propiedades para justificar los de que se le englobe entre los superalimentos (aunque no soy muy de estas “modas”). Es un alimento energético, por su contenido en azúcares, ¿recordáis? Un 50% de azúcar natural en forma de sacarosa, glucosa, maltosa y fructosa. Sumadle un 10% de proteínas, vitaminas del grupo B, así como minerales como calcio, hierro y fósforo. No tiene gluten, por lo que es apto para celíacos. Con un alto contenido en fibra, es bajo en grasas y las que posee son de calidad, insaturadas: ácido linoleico y ácido oleico. Un alimento bueno y saludable.
Para no aburriros con más detalles, comentaros que en mi caso añado unas cucharadas generosas de harina cruda de algarrobas a la leche de mis desayunos. Si optáis por la harina tostada os será fácil encontrar recetas de postres tipo chocolate, brownies, bizcochos y más. Incluso podéis espolvorear la harina a yogures o a la fruta troceada para darle ese inconfundible toque aromático y, además, saludable.
Por cierto, no me "une" nada con el municipio castellonenese de Vinaròs, lo de incluir esta imagen es por lo curioso. Me refiero a que haya una ruta guiada en primavera cuando la recogida y el fruto maduro sea a final del verano. Bien pensado, mejor mostrar ahora los campos con las vainas verdes a "molestar" a los agricultores en plena faena, ¿no os parece?
Nos vemos en la siguiente entrada.
Cita del día: “Una comida bien preparada tienes sabores delicados que hay que retener en la boca para apreciarlos.” Tennessee Williams




